— Por Raúl Ruiz —

Jorge Alberto Elías Retes, el alcalde de Navojoa, lo sabía.

Edmundo Valdez, el Director de la Unidad Municipal de Protección Civil de Navojoa, también lo sabía.

Rafael Rodríguez, el Secretario del Ayuntamiento de Navojoa, estaba enterado.

Rafael Gil, el Presidente de la Comisión de Cuenca del Río Mayo, lo había advertido.

Luis Gerardo Villalobos Hernández, el Presidente de la Sociedad de Usuarios del Distrito de Riego 038 del Río Mayo, lo supo.

Por eso sorprende ahora que todos -bueno, casi todos- se hagan los sorprendidos.

Las inundaciones de las comisarías de Masiaca y Comisarías de Rosales y Tesia, además de las ocurridas en los márgenes del Río Mayo, algunas dentro del área urbana de Navojoa, se pudieron haber prevenido, pero no se hizo nada.

En el caso de las que afectaron los asentamientos ribereños, algunos tan dramáticos como la inundación a la empresa porcícola Kowi, fue advertida desde hace al menos dos años por Rafael Gil:

Si no se limpia el cauce del Río Mayo, cuando por ahí deba correr agua se derramará, inundará y dañará todo lo asentado en sus márgenes.

Y así ocurrió.

Lo registrado por las lluvias que dejó el Huracán “Polo” confirmaron la advertencia, la cual fue conocida por todas las autoridades, quienes prefirieron hacerle al “Tío Lolo”.

El tema, incluso, fue planteado al Gobernador, al Procurador Agrario, al Director de Conagua… y nada.

El agua en exceso buscó su cauce natural y al no encontrarlo arrasó lo que halló a su paso.

En el caso de las comunidades rurales ocurrió algo similar:

A pesar de que ya había habido señales claras y hechos contundentes con inundaciones previas, al ser una zona baja, asentada en una extensa planicie, en Masiaca no se hizo nada.

Sus habitantes, y de las poblaciones aledañas ya habían padecido inundaciones por avenidas de agua menores, donde instalaciones como la Universidad del Bienestar construida ahí naufragaron.

Durante semanas el plantel permaneció bajo el agua, junto con decenas de viviendas y bienes de sus residentes.

Todo eso lo sabían las autoridades y ahora, a toro pasado, resulta inexplicable tantas reuniones previas de los consejos de Protección Civil para ver acciones supuestamente preventivas.

¿De qué sirven esas sesiones si ahora la gente ha dormido con el agua hasta las rodillas y, en la mayoría de los casos, se perdieron sus bienes?

¿A quién, de todos esos que estaban tan preocupados en las reuniones de Protección Civil deben reclamarle los directivos de Kowi por los millones de pesos en daños?

Todos ellos, al menos, fueron exhibidos.

No sirve de mucho, pero al menos deberán pagar ese costo social.

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