— Por Raúl Ruiz —
Célida López Cárdenas es una hábil manipuladora de Morena.
Y eso le ha dado resultados:
Cuando se peleó con Alfonso Durazo, entonces poderoso candidato al Senado de la República y líder moral de los morenistas en la entidad, en el 2018, luego de que este le registró ser la candidata a la Presidencia Municipal, lo dobló.
Ella fue a acurrucarse en el regazo de Andrés Manuel López Obrador, quien corría como candidato a la Presidencia de la República, y lo convenció.
Dobló con ello a Durazo y terminó convirtiéndose en la abanderada a la Alcaldía de Hermosillo que ganó cobijada por la impresionante ola de AMLO.
Luego volvió a mostrar sus habilidades para manipular: Al terminar su administración en Hermosillo que fue un desastre, intentó reelegir contra la propia voluntad, de nueva cuenta, de Alfonso Durazo, quien corrió en esa elección como candidato a Gobernador.
Y de nuevo lo dobló: Durazo sabía que no ganaría —así se lo decían las encuestas—, pero ella apeló de nuevo al Presidente y a los amigos que, a su alrededor, había construido en su primera gestión municipal.
Y entonces corrió… y perdió, cumpliendo el vaticinio del ahora Gobernador.
Entonces quedó desempleada y volvió a recurrir a la presión política —que es su ‘modus operandi’— y logró que Durazo la incluyera como secretaria de Turismo.
Los más sorprendidos, cuando se dio a conocer su nombramiento, fueron los duracistas.
Ella no solo no contaba con el perfil para el cargo, sino que además los morenistas no entendían cómo alguien que había sido derrotada de manera contundente por Toño Astiazarán, el entonces abanderado de una alianza opositora, en su intento de reelección, era premiada con el cargo.
Y así transitó en el gobierno duracista: De Turismo a Jefa de Oficina y, por último, en algo vergonzoso para el quehacer público, como titular de Sagarhpa, la dependencia responsable del estratégico sector primario.
Y su paso fue como se pronosticaba: Sin pena ni gloria.
Ni qué decir de esa aventura intermedia electoral al Senado como parte del llamado “Plan B”, en la que fue derrotada por Beltrones y la dejaron, junto con Froylán Gámez, fuera de la escena política.
Ahora buscó ser candidata a Gobernadora en una competencia contra 5 más y, al no ganar, volvió a su mejor herramienta de lucha: La manipulación por la vía del chantaje.
‘Unidad solo después de ver encuestas’, dijo y antes lloró y se dijo engañada.
Hasta unos tacos de suadero le invitó Citlalli en la CDMX tratando de sofocar su molestia.
Y su estrategia le funcionó de manera redonda, pues sabía dónde pisar para obtener lo que quería.
Pretendía ser diputada federal por lista, pero los propios dirigentes le advirtieron que eso estaba muy difícil. Eso es solo para los privilegiados.
Entonces volvió el berrinche, la manipulación y el chantaje. Y le ofrecieron la candidatura por Hermosillo.
Morena con ello no solo cedió al chantaje de una manipuladora, sino que mandó al bote de la basura a todos los demás aspirantes que tenían meses buscando la nominación.
Morena prefirió recurrir al “dedazo” para consolar a una manipuladora.
¡Y que los demás se jodan!
