Las familias indígenas preparan tapancos y alimentos tradicionales el 1 de noviembre, mientras que al día siguiente realizan ceremonias en los panteones, una práctica ancestral que fortalece la identidad, la lengua y la solidaridad comunitaria.
Por Fabián Pérez
HUATABAMPO, Sonora.– Con la preparación de alimentos tradicionales, la colocación de ofrendas y la realización de rezos y alabanzas, las comunidades Yoreme-Mayo se alistan para honrar a sus fieles difuntos durante las celebraciones del 1 y 2 de noviembre, una tradición que representa uno de los pilares de su identidad cultural y espiritual.
Abel Ramírez, promotor de la lengua y cultura Yoreme-Mayo, explicó que el primero de noviembre las familias preparan los alimentos que colocan en sus tapancos, mientras que por la noche los fiesteros, maistros y cantoras participan en las ceremonias de víspera.
Las velaciones se desarrollan en los centros ceremoniales y panteones, donde las veladoras iluminan las tumbas de los seres queridos. En algunas comunidades también se utilizan cohetes para anunciar la llegada de esta celebración, mientras los fiesteros recorren los hogares para recoger las ofrendas y limosnas que las familias entregan voluntariamente.
El 2 de noviembre, las actividades continúan por la mañana en los panteones, donde los participantes trasladan una mesa ceremonial cubierta de negro hasta la Cruz del Perdón. En ese lugar colocan petates y depositan alimentos ofrecidos por las familias como parte de los rituales dedicados a las ánimas.
De acuerdo con la tradición oral, estas ofrendas se destinan especialmente a quienes fallecieron sin familiares que les recen o que no cuentan con un tapanco en su memoria.
Esta práctica refleja los valores de solidaridad, respeto y responsabilidad colectiva que distinguen a la organización comunitaria del pueblo mayo.
Para Ramírez, esta costumbre representa uno de los principios fundamentales de la organización comunitaria indígena: la solidaridad y el respeto hacia los demás, incluso después de la muerte.
Una vez concluidos los rezos, los alimentos se distribuyen entre maistros y cantoras. Posteriormente, los participantes regresan al templo ceremonial para realizar las últimas oraciones y dar por concluidas las actividades tradicionales.
