Pescadores ribereños del sur de Sonora enfrentan un arranque crítico de la temporada 2026-2027, con capturas de apenas tres a cinco kilos por panga y jornadas en las que algunas embarcaciones regresan con cerca de un kilogramo
Por Fabián Pérez
HUATABAMPO, Sonora.— Con preocupación y pocas expectativas transcurrieron los primeros días de la temporada camaronera 2026-2027 en el sur de Sonora, luego de que los pescadores ribereños reportaran capturas considerablemente menores a las esperadas.
La actividad pesquera, que representa el principal sustento para numerosas familias de comunidades costeras, comenzó con rendimientos que difícilmente permiten cubrir los gastos de una jornada en el mar. De acuerdo con los primeros reportes, la mayoría de las pangas han obtenido entre tres y cinco kilogramos de camarón.
La situación se vuelve todavía más complicada para algunas embarcaciones que, después de varias horas de trabajo, han retornado a puerto con apenas un kilogramo de producto, reflejando la escasez que actualmente enfrentan los hombres de mar.
Rigoberto Gastélum Gutiérrez, dirigente del Frente Unión Pesquero del Sur de Sonora, advirtió que el comportamiento de las capturas durante estos primeros días genera preocupación y abre la posibilidad de que la temporada termine convirtiéndose en una de las más difíciles que haya enfrentado el sector.
El dirigente señaló que no se puede atribuir la baja presencia de camarón exclusivamente a las condiciones meteorológicas o al cambio climático, ya que, desde la perspectiva de los pescadores, existen diversos factores que durante años han afectado la reproducción y permanencia de las especies en esteros, bahías y sistemas lagunares.
Entre las situaciones que requieren mayor atención mencionó la operación de granjas acuícolas, debido a que, según los pescadores, los sistemas de captación de agua pueden arrastrar larvas de camarón y otros organismos que utilizan los esteros como zonas de reproducción y crecimiento.
A ello se suma, dijo, la actividad de embarcaciones sardineras en áreas próximas a la costa, una situación que genera inconformidad entre los ribereños, quienes consideran que estas operaciones se han acercado cada vez más a las zonas donde tradicionalmente desarrollan sus actividades.
Gastélum Gutiérrez también señaló que la pesca furtiva continúa afectando la disponibilidad de recursos, al extraer especies y ejemplares sin respetar los periodos, zonas o mecanismos establecidos para permitir la recuperación de las poblaciones.
El deterioro ambiental representa otro de los factores que, a decir del representante pesquero, debe ser atendido con mayor seriedad. Explicó que descargas industriales, escurrimientos agrícolas, fertilizantes y otros productos utilizados en las actividades productivas pueden terminar en los cuerpos de agua, modificando las condiciones de los ecosistemas costeros.
Destacó particularmente la importancia de los manglares y esteros, debido a que estos espacios funcionan como áreas esenciales para el desarrollo temprano de distintas especies marinas. Cualquier alteración en estos ambientes, explicó, termina teniendo consecuencias sobre la disponibilidad de recursos para las comunidades pesqueras.
“Ya no podemos seguir culpando solamente al clima. La mano del ser humano nos está dañando mucho”, sostuvo.
Ante la situación que enfrenta el sector, el dirigente consideró indispensable fortalecer la vigilancia en las zonas pesqueras, combatir las actividades ilegales y establecer mayores controles sobre las actividades productivas que puedan generar afectaciones a los ecosistemas costeros.
“La solución a esta problemática está en el Gobierno, pero ha faltado más voluntad y decisión”, afirmó.
Mientras las autoridades evalúan el comportamiento de la temporada y los pescadores continúan saliendo al mar, las primeras jornadas mantienen en alerta a las comunidades ribereñas. El sector espera que en los próximos días pueda registrarse una recuperación en las capturas; de lo contrario, advirtió Gastélum Gutiérrez, las condiciones actuales podrían marcar una de las temporadas más complicadas para la pesca ribereña del sur de Sonora de los últimos años y de la historia.
