Habitantes de El Jijiri, en el municipio de Navojoa, aseguran que perdieron refrigeradores, estufas, camas y otros artículos durante las inundaciones provocadas por el huracán Polo. Denuncian que, durante el censo de damnificados, no les preguntaron qué bienes resultaron dañados, por lo que temen quedar fuera de los apoyos para recuperar sus pertenencias.

Por Fabián Pérez

NAVOJOA, Sonora.- A varias semanas de las inundaciones que afectaron a varias comunidades de Navojoa por las lluvias generadas por el huracán Polo, familias de El Jijiri continúan a la espera de los apoyos para la reposición de enseres domésticos que, aseguran, les fueron prometidos por los gobiernos estatal y federal.

Elvia Gocobachi y María Alamea, habitantes de esta comunidad perteneciente al municipio de Navojoa, expusieron que las pérdidas materiales sufridas en sus viviendas representan un golpe importante para la economía familiar, debido a que numerosos artículos de uso cotidiano quedaron inservibles tras el ingreso del agua.

Ambas señalaron que uno de los principales problemas fue que, durante el levantamiento del censo de personas afectadas, no se les preguntó cuáles eran los bienes que habían perdido o que resultaron dañados por la inundación. Esta situación, afirmaron, podría impedir que las familias reciban ayuda para recuperar parte de su patrimonio.

Recordaron que la emergencia se presentó de manera repentina, sin darles tiempo suficiente para poner a salvo sus pertenencias. El nivel del agua aumentó en cuestión de minutos y comenzó a introducirse en las viviendas, obligándolas a concentrarse en rescatar lo indispensable para protegerse y resguardar algunos documentos personales.

Elvia Gocobachi relató que el agua ingresó principalmente por el área de la cocina, debido a que se encuentra en una parte más baja de la vivienda, lo que ocasionó daños en varios de sus electrodomésticos y muebles.

“Se me mojó el refrigerador, la estufa y la lavadora; se me echaron a perder, y el colchón se me humedeció.
El agua entró rápidamente por la cocina, porque está más abajo”, compartió.

Las afectaciones no se limitaron al interior de la casa. La fuerza y el nivel del agua también alcanzaron el motor de una camioneta y una motocicleta, la cual, de acuerdo con su testimonio, ya no pudo encender después de quedar expuesta a la inundación.

A estas pérdidas se sumó el derrumbe de una noria que su esposo acababa de construir, una obra que también terminó afectada por la cantidad de agua que recibió el terreno.

La mujer explicó que la rapidez con la que avanzó la inundación hizo imposible sacar los artículos de mayor tamaño. En medio de la emergencia, lo único que pudieron poner a salvo fueron algunas pertenencias que alcanzaron a subir a la cama, principalmente documentos importantes.

Sin registro de las pérdidas materiales

Por su parte, María Alamea manifestó que las afectaciones se extendieron a buena parte de las familias de El Jijiri, donde numerosas viviendas registraron daños en muebles, colchones y aparatos eléctricos.

Sin embargo, consideró que el procedimiento para identificar a los damnificados no contempló información fundamental para conocer la magnitud de los daños materiales que enfrentaron los hogares.

“Perdimos camas, colchones, refrigeradores y estufas. De hecho, en el censo que nos hicieron no nos preguntaron qué pérdidas materiales tuvimos”, expresó.

La falta de este registro, señaló, deja incertidumbre entre quienes esperan recibir algún beneficio para reponer los artículos que perdieron durante la contingencia, pues aseguran que una despensa o productos de limpieza no resuelven las necesidades que enfrentan después de que el agua dañó sus pertenencias.

Hasta el momento, las familias han recibido apoyos en especie, entre ellos despensas, agua, trapeadores, cloro y otros productos de limpieza y desinfección para retirar el lodo y atender las condiciones en que quedaron sus viviendas.

Aunque reconocieron la utilidad de estos insumos para las labores de limpieza, las afectadas indicaron que todavía necesitan recuperar los muebles y electrodomésticos indispensables para las actividades diarias de sus hogares.

Ante esta situación, Elvia Gocobachi y María Alamea mantienen la esperanza de que las autoridades revisen los casos de las familias de El Jijiri y tomen en cuenta los daños que sufrieron durante las inundaciones.

Para las habitantes, el problema no termina con el retiro del agua y la limpieza de las viviendas, pues ahora deben enfrentar las consecuencias económicas de haber perdido bienes que utilizaban diariamente y cuya reposición representa un gasto difícil de cubrir.

Mientras esperan una respuesta, insistieron en la importancia de que se consideren las pérdidas materiales de los damnificados, con el propósito de que la ayuda llegue también a quienes necesitan recuperar los artículos básicos que quedaron dañados por la inundación

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