Originaria de la comunidad indígena de Los Buayums y madre de familia, Marcela Aidé Valenzuela Escalante decidió estudiar enfermería cuando ya estaba casada. Años después, aquel sueño que imaginaba al pasar frente al antiguo hospital del IMSS se convirtió en realidad al asumir como enfermera jefa de piso del área de Endoscopia del nuevo Hospital General de Zona No. 16 de Navojoa

Por Fabián Pérez

NAVOJOA, Son.- Los grandes sueños no siempre nacen en escenarios extraordinarios. Algunos comienzan en una comunidad pequeña, en medio de dificultades y responsabilidades familiares, pero logran crecer cuando existen voluntad, preparación y perseverancia.

La historia de Marcela Aidé Valenzuela Escalante, originaria de la comunidad indígena de Los Buayums, es precisamente una de esas historias de superación.

Cuando decidió estudiar enfermería ya estaba casada. Lejos de considerar su situación como un impedimento, asumió el reto de prepararse profesionalmente y abrirse camino en una actividad que desde el principio le despertó interés y vocación.

“Yo decidí, estando casada, empezar a estudiar enfermería. Se me hizo una especialidad muy bonita”, recuerda al hablar de los primeros pasos de una trayectoria que con los años la llevaría a ocupar una jefatura dentro del IMSS.

Durante su etapa como estudiante quedó grabado en su memoria un momento que hoy adquiere un significado especial. Al pasar frente al antiguo hospital del IMSS, imaginaba que algún día podría trabajar ahí.

“Siempre me acuerdo que cuando empecé a estudiar pasaba por el otro hospital y dije: algún día yo voy a trabajar aquí”, relata.

Aquella frase, pronunciada como un deseo mientras se preparaba para ejercer la enfermería, terminó convirtiéndose en una realidad.

Un sueño convertido en responsabilidad

Con el paso de los años, Marcela acumuló conocimientos y experiencia hasta alcanzar una de las responsabilidades más importantes de su carrera: enfermera jefa de piso del área de Endoscopia del nuevo Hospital General de Zona No. 16 del IMSS en Navojoa.

“Hasta hoy, logré ser jefa de piso. Se me ha hecho una experiencia muy bonita”, expresa con satisfacción.
Su crecimiento profesional también ha estado acompañado por una característica que la distingue: el vínculo con sus raíces indígenas.

Originaria de Los Buayums, conservó conocimientos de la lengua Mayo que aprendió desde su infancia a través de familiares. Hoy, esa herencia cultural se ha convertido en una herramienta de gran valor dentro de su trabajo.

Enfermera e intérprete
En su labor cotidiana ha tenido la oportunidad de atender a pacientes provenientes de comunidades indígenas que, en ocasiones, enfrentan dificultades para comunicarse con el personal médico.

En esos momentos, Marcela puede convertirse también en intérprete y facilitar el diálogo entre los pacientes y los trabajadores de la salud.

“He tenido pacientes que llegan de la región de los pueblos indígenas y les he podido traducir. Se han admirado de que una enfermera les haya traducido esa lengua”, comenta.

Para quienes llegan al hospital hablando Mayo, encontrar a una enfermera que entiende su lengua representa confianza y seguridad en un momento que puede estar marcado por la preocupación o la incertidumbre.

“Me reconocen y se dirigen hacia mí con mayor seguridad”, explica.

Así, sus raíces no solamente forman parte de su identidad, sino que también se han convertido en una herramienta para brindar una atención más cercana y humana.

Orgullo por el nuevo hospital
El nuevo Hospital General de Zona No. 16 representa para Marcela un capítulo más en su trayectoria profesional.

La oportunidad de comenzar labores en una infraestructura moderna, con nuevas tecnologías, equipamiento y una mayor oferta de especialidades, representa un desafío, pero también un motivo de orgullo.

“Es muy bonito empezar en un hospital nuevo, con todas las tecnologías diferentes a los hospitales que he estado. Es un orgullo tener un hospital de este tipo”, señala.

Desde su perspectiva, la nueva infraestructura permitirá ampliar las posibilidades de atención médica para los derechohabientes del sur de Sonora.

También ha escuchado de los propios pacientes comentarios favorables sobre las nuevas instalaciones y los servicios disponibles.

“Hasta ahorita los pacientes que se han acercado a mí me han dicho que está muy bonito el hospital, que hay mayor seguridad, porque hay más especialidades que antes no las teníamos”, comparte.

El orgullo de una madre
Detrás de cada logro profesional también existe una historia familiar.
Para Saturnina Escalante, madre de Marcela, ver a su hija convertida en jefa de piso representa la recompensa a años de esfuerzo, sacrificios y dedicación.

“Me da una alegría tenerla a ella, de haber logrado lo que quiso ella. Me da tanto gusto, en el puesto que está, y cómo logró eso”, expresa emocionada.

El orgullo de Saturnina no solamente radica en el puesto que hoy ocupa su hija, sino en el camino que tuvo que recorrer para llegar hasta ahí.

Una mujer proveniente de una comunidad indígena, que decidió estudiar cuando ya estaba casada y que logró combinar sus responsabilidades personales con su formación profesional, hasta alcanzar una posición de liderazgo dentro de una institución fundamental para la salud de la región.

Un mensaje para los jóvenes
Marcela considera que su historia puede servir de inspiración para quienes tienen el deseo de estudiar una carrera profesional, particularmente jóvenes de comunidades rurales e indígenas que muchas veces enfrentan mayores dificultades para continuar con su preparación.

Su experiencia demuestra que el lugar de origen no determina el destino de una persona.

A través de su madre, también hace un llamado para que continúen los apoyos dirigidos a los jóvenes y puedan encontrar oportunidades de superación.

“Mi mamá les dijo que les da muchas gracias por los apoyos que han decidido y que sigan ayudando a los jóvenes para bien del pueblo y de todos”, relata.

Del “algún día” al presente

La historia de Marcela comenzó en Los Buayums y avanzó paso a paso hasta llegar al nuevo Hospital del IMSS en Navojoa.

Años atrás, mientras estudiaba, solamente podía imaginarse trabajando algún día en el hospital que veía al pasar. Hoy, aquella estudiante que decidió prepararse aun estando casada es enfermera jefa de piso del área de Endoscopia.

Su historia habla de esfuerzo, perseverancia y vocación, pero también de identidad.

Marcela no dejó atrás sus raíces al crecer profesionalmente. Las llevó consigo hasta el hospital y las convirtió en una fortaleza para ayudar a pacientes de las comunidades indígenas del sur de Sonora.

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