— POR AURORA RETES DOUSSET —
¿Dónde quedó el Sonora de oportunidades?…
Sonora presume una posición estratégica privilegiada: frontera con Estados Unidos, infraestructura industrial, minería, energía solar, manufactura, logística y una ubicación que lo coloca en el centro de las oportunidades del nearshoring.
Pero el mercado laboral obliga a hacer una pausa y mirar más allá de los anuncios de inversión.
De acuerdo con la información difundida a partir de los indicadores de desocupación de julio de 2026, Sonora registra una tasa de 3.1% en el mes y 3.3% en el promedio señalado para los últimos 12 meses, colocándose entre las entidades con mayores niveles de desocupación. La publicación que difundió estos datos ubica a Sonora en el cuarto lugar nacional. Este último comparativo, sin embargo, debe manejarse con cautela hasta contar con la tabla oficial completa de INEGI que permita validar exactamente el promedio utilizado.
Lo verdaderamente importante no es solamente el lugar que ocupa Sonora en un ranking. La pregunta empresarial y social es qué está pasando con la capacidad de nuestra economía para generar oportunidades laborales.
El propio INEGI reportó para Sonora, en el primer trimestre de 2026, una tasa de desocupación de 3.0%, con alrededor de 43.7 mil personas desocupadas. Pero hay otros indicadores que permiten entender mejor el problema: la informalidad laboral alcanzó 40.2% y la tasa de condiciones críticas de ocupación llegó a 32.7%.
Es decir, el reto no es únicamente crear empleos; es crear empleos formales, productivos, permanentes y suficientemente remunerados.
La paradoja sonorense
Aquí aparece una contradicción que merece una discusión pública.
Por un lado, Sonora cuenta con proyectos estratégicos, inversión anunciada, infraestructura energética, actividad minera, industria manufacturera y una posición privilegiada frente al mercado estadounidense.
Por otro, los indicadores laborales muestran que una parte de la población económicamente activa sigue enfrentando dificultades para incorporarse al mercado laboral.
Esto obliga a cambiar la pregunta.
No basta con preguntar ¿cuánta inversión llegó a Sonora?
Hay que preguntar:
¿Cuántos empleos formales generó?
¿Cuánto pagan esos empleos?
¿Cuántos son permanentes?
¿Qué porcentaje de los trabajadores sonorenses está realmente accediendo a esas oportunidades?
Y, quizá la pregunta más importante:
¿Estamos formando el talento que requieren las nuevas inversiones?
El dato debe leerse con responsabilidad
Comparar a Sonora con estados como Oaxaca, Guerrero o Chiapas exclusivamente a partir de la tasa de desempleo puede llevar a conclusiones equivocadas.
Una tasa baja de desocupación no necesariamente significa un mercado laboral más sano. En entidades con elevada informalidad, muchas personas tienen alguna actividad económica aunque sus ingresos sean bajos y carezcan de seguridad social o prestaciones.
Por eso, el desempleo debe analizarse junto con informalidad, salarios, participación laboral, subocupación y condiciones críticas de ocupación.
En Sonora, precisamente, estos indicadores complementarios muestran que el desafío laboral es más profundo que el porcentaje de personas que están buscando trabajo.
¿Dónde quedó el Sonora de oportunidades?
Sonora todavía tiene condiciones extraordinarias para convertirse en uno de los grandes polos de crecimiento del país.
Pero la oportunidad no se mide por el número de proyectos anunciados, sino por su capacidad para transformar la vida de las personas.
La inversión debe convertirse en cadenas de proveeduría local, empleos formales, mejores salarios, capacitación especializada y movilidad social.
El verdadero éxito del nearshoring no será que lleguen más plantas.
Será que los jóvenes sonorenses encuentren en ellas oportunidades profesionales; que las empresas locales se integren a sus cadenas de suministro; que aumente el ingreso de las familias y que el talento formado en Sonora pueda desarrollarse en Sonora.
Por eso, más que alarmarnos por un ranking de desempleo, debemos utilizarlo como una señal de alerta.
Sonora necesita pasar de la narrativa de las oportunidades a la construcción medible de oportunidades.
Y esa conversación debe involucrar al gobierno, empresarios, universidades y trabajadores.
Porque el Sonora de oportunidades no puede ser solamente una promesa.
Tiene que reflejarse en el mercado laboral y, finalmente, en el bolsillo de los sonorenses.
Mi recomendación editorial: conservaría el ángulo “¿Dónde quedó el Sonora de oportunidades?”, pero evitaría presentar como totalmente confirmado el “4.º lugar nacional” hasta validar la tabla mensual oficial de INEGI. El argumento de fondo incluso queda más sólido si lo sustentamos en los indicadores complementarios: desocupación, informalidad, condiciones críticas, salarios y empleo formal.
Y para cerrar la página con mayor fuerza, la pregunta al Dr. Luis Núñez Noriega podría ser:
“Doctor Núñez, si Sonora tiene inversión, industria, minería, energía y una posición estratégica privilegiada, ¿qué está fallando para que esa ventaja todavía no se traduzca en suficientes empleos formales, bien remunerados y oportunidades para los sonorenses? ¿Dónde quedó el Sonora de oportunidades?”
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La autora es especialista en Comunicación Empresarial
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